No pretendo contar la biografía de Andrea, pues a todas luces va a ser muy difícil recrear hoy toda su vida, pero si quiero contar aquello que conocemos, y explicar así por qué su hijo Gorgonio llevó sus apellidos, Robles Fernández, y no los mismos que sus hermanos, Fernández Robles.
La historia errónea
La historia que había escuchado hasta ahora y que ahora sabemos errónea está contada en esta entrada, pero la resumo aquí: Andrea tuvo un hijo estando soltera, al que le puso sus apellidos: Gorgonio Robles Fernández. Después, se casó con Manuel Fernández Montes y juntos tuvieron otros tres hijos: Pedro Manuel, Manuela y María Fernández Robles.
La verdadera historia
Hoy ya sabemos, gracias a los documentos oficiales, que fue casi al revés: Andrea y Pedro tuvieron a Manuela antes de casarse, y luego a Pedro Manuel; mas tarde nacería María. Por último, Andrea tuvo a Gorgonio, que como hemos visto, lleva solo los apellidos de la madre. Esto está mas detallado en esta entrada.
¿Por qué Gorgonio tiene los apellidos de su madre?
Esta es la gran incógnita que nadie parece haber querido investigar, y que es lo que realmente a mi me ha atraído de esta historia. Así que no me ha quedado mas remedio que interrogar a toda la familia y algunos vecinos de Campoo de Yuso, y sobre todo, bucear incontables horas en los archivos civiles y eclesiásticos, en busca de la verdad; hoy creo que puedo estar contento por haberla encontrado.
Y es que son muchas las certezas que dejan los documentos oficiales: sabemos que los padres de Andrea vivían en Villasuso y que allí nació ella, igual que sus hermanas María Guadalupe y María Santos. Después, Andrea se casó en La Costana con su primo Pedro, que era natural de allí, y allí siguieron viviendo; allí nacieron sus hijos Manuela, Pedro Manuel y María, esta última en 1882. Sabemos también que Gorgonio nació el 25 de febrero de 1885 en Quintanamanil, en la casa en la que Andrea vivía en aquel entonces. Y mas concretamente, sabemos gracias a los documentos que aquella era la casa de Manuel Montes López, que además fue quien inscribió a Gorgonio en el registro civil cuando este nació, y quien así lo expresa en el registro.
A partir de aquí no hay documentación en el registro civil que explique lo que ocurrió, pero si hay otros testimonios que lo aclaran: lo mas fácil sería pensar que Andrea dejó a Pedro por este hombre, y tuvo un hijo con él. Pero entonces, ¿por qué no le puso su apellido?
La respuesta cae por su propio peso: no podía llevar los apellidos de sus hermanos porque Pedro Fernández Montes no era su padre; Pedro falleció de un tumor cerebral en 1882, unos meses antes de que naciese su hija María, que por lo tanto no llegó a conocer a su padre. Así se explica en su partida de defunción.
¿Quién fue entonces el padre de Gorgonio?
Cada vez que me hecho esa pregunta la respuesta apunta a Manuel Montes López. Este hombre tenía en el momento que nació Gorgonio 49 años, y había sido el Cura Beneficiado de La Costana y Quintanamanil, pero en ese momento ya no lo era. Aunque aun está por confirmar documentalmente, todo apunta a que Manuel Montes era familiar de Pedro Fernández Montes, el difunto marido de Andrea, y eso pudo resultar de suma importancia para que Andrea se trasladase a su casa a la muerte de aquel. Manuel, como cura que era, gozaba de una buena posición económica, y podía acogerla y garantizar el sustento de sus hijos.
De ahí a que Gorgonio fuera hijo suyo no hay mas que un paso. Parece además apropiado suponer que el motivo de no darle los apellidos, y que mantuviese los de su madre, era social. El qué dirán, que todavía hoy pesa tanto. Pero finalmente, después de los años, podemos darle por fin un padre a Gorgonio, y que así esa parte suya descanse en paz.
La herencia de Andrea
Mi padre Gerardo, nieto de Gorgonio y bisnieto de Andrea, nació y vivió de niño en La Población de Yuso, de donde eran su padre, también Gerardo Robles, su abuela Petronila González Gutiérrez, y sus bisabuelos, Isidoro González y Pascuala Gutiérrez. Varias generaciones del mismo lugar, donde tenían numerosas fincas que cultivar. Por parte de su madre no tenían fincas, pues ella venía de Santa Gadea de Alfoz, y habiendo sido hija de Romualdo, el pastor al que mató el toro en la nochebuena de 1932, llegó a La Población a servir a casa de Joaquín, El Carloto.
Cuento esto como introducción porque mi padre me contó que con frecuencia iban a Quintanamanil a trabajar una finca que había junto a la iglesia. Aquella era una finca muy buena, que por lo visto, daba mucho. Eran unos 5 kilómetros, una hora caminando, pero mi padre era pequeño (marcharon de La Población a Santander cuando él tenía unos 8 años) y se cansaba, así que a él y a Noé (su hermano pequeño) les dejaban ir en el carro. Él preguntaba por qué tenían que ir tan lejos si tenían todas las demás fincas en La Población, y su padre le contestaba que era una finca que le había dejado la abuela a papá.
Era la abuela Andrea, que pocos años antes de su muerte dejó testamento y en él hace referencia expresa y clara a que Gorgonio era hijo suyo y que por lo tanto, su parte debía ser heredad por los hijos de este, Gerardo y Moisés. Gorgonio había muerto en octubre de 1918 de una gripe pulmonar que afectó a gran parte de Europa, y Andrea dejó varias casas y tierras en herencia a sus hijos y nietos. Algunas de ellas procedían de Manuel Montes López, quien había fallecido varios años antes. Es justo en este punto agradecer a Mireya Cristina Martínez Badás, la notaria de Reinosa, la infinita ayuda y amabilísima colaboración que prestó para el desarrollo de esta historia.
Queda pues, explicada con estos breves artículos la historia de Andrea Robles Fernández y de por qué Gorgonio lleva sus apellidos y no los de su padre.
Y trato aquí de contarla como fue, sin juzgar a Andrea, a Pedro o a Manuel; no se les juzga aquí por tener hijos solteros, algo muy mal visto en su momento; ni por casarse siendo primos, algo habitual aunque no bien visto en aquel entonces; no se juzga la decisión de Andrea de tener mas hijos después de viuda, ni mucho menos la de Manuel.
Así fue la historia y así tuvo que ser. Cualquiera en su lugar, indudablemente, hubiera hecho lo mismo. Y de no haber sido así, el apellido Robles de esta rama se habría extinguido, yo no sería hoy como soy, y quizá, a lo mejor, ni siquiera sería hoy.
Desde aquí, va dedicado un abrazo cariñoso a mis tatarabuelos Andrea Robles Fernández Martínez Sáiz y Manuel Montes López, y a Pedro Fernández Montes Sáiz Fernández, marido de Andrea.